25 octubre 2009

Días lluviosos

Habían pasado muchos años desde que no llovía así. Recuerdo que Albania siempre se sintió fascinada por las lluvias otoñales. Adoraba esa indescriptible sensación de estar mojada y de tan solo chapotear y chapotear en los charcos formados en los agujeros de la maltratada pista, afuera de la casa.

Siempre lo hizo desde niña y hoy; después de tanto tiempo, ha vuelto a llover. Esta vez, este llanto celestial me hace inevitable el recuerdo de aquellos días de otoño del 97. A sus seis años, Albi me rogaba para ir al parque en mañanas como esta. Se embarraba totalmente en el lodo y verla fascinada por las gotitas que mojaban su cabello, hacía imposible que me enojase por haber arruinado sus zapatillas nuevas.

Mañanas como aquellas; mañanas como hoy, tan peculiares, donde reina el sol a pesar que se va cayendo el cielo en pedacitos líquidos, mojando el pasto y las hojas secas, y se termina empapando lo que pudo ser una ilusión.

Hace un rato le pedí que me acompañase a pasear por el parque.

Pero hoy no. Nunca más...


Albania se quedó en casa, recostada en el sofá y con los pies secos. Ya tiene 18.

Por Juanca

(25/10/09)

Créditos de Imagen: Laura Alvarado

23 septiembre 2009

Sensación


Traté inútilmente de hacerle cosquillas en los pies, mientras ella me mordisqueaba el oído.

Fue mejor que cualquier frappé.



(Por mí, justo ahora)


10 septiembre 2009

Cristiano

¿Recuerdas a Cristiano? Ese chico extraño, de la 2216. Era demasiado peculiar.

No puedo decirte que era un cochino, aunque era común verlo sin afeitar o con el pelo lleno de caspa. Supongo que eso tenía una razón, después de todo, no por nada él mismo confesó que cuando no tenía champú usaba el jabón de lavar ropa para asearse la cabeza.

También era todo un deportista; sin embargo, su rara idea de hacer planchas debajo de su catre para endurar los bíceps lo había hecho dejar el ejercicio; no por las lesiones en sus brazos, o sus intentos de lograr algo cercano a unos bíceps, sino por la terrible lumbalgia que le ocasionó el peso del colchón.

Pero si había algo de por sí loable en su persona, era el hecho de ser todo un galán. Muchos lo veíamos llevando a Lola; una de sus novias; al cine, muchos de esos viernes por la noche, cuando en la universidad se estrenaba el ciclo cultural de cine gratuito, organizado por el departamento de humanidades. No había nada más romántico y envidiable.


Sin embargo debo rectificar que no era ningún tipejo extraño. Creo que más bien, esa era la única forma en la que él podía ser. No había otro modo. Veía el mundo de una manera diferente y tal vez hasta mejor. Supongo que muy pocos lo recuerdan por no decir casi nadie y por eso dudo que también lo hagas. A pesar de eso, la mayoría de los que lo recuerda, afirma que simplemente fue un loco. Igual, sé que en el fondo, él siempre supo que quienes estaban equivocados eran ellos.


¿Acaso no es un poquito como tú o yo?*




Por mí
(09/09/09)


*Nowhere Man

22 agosto 2009

Pre

A Luis Ypanaqué.

Ya no recuerdo como pasó; pero obviamente, eso es una mentira.

La conocí un martes y el miércoles ya estábamos diciéndonos cuántos nos queríamos. La verdad, nos conocimos porque ella así lo quiso.

Durante un recreo en la pre, yo descansaba tranquilamente en mi oficina y de la nada, detrás de la ventana, apareció una chiquilla avergonzada. Sus amigas la habían empujado hasta la puerta y entre risas y un rostro sonrojado me pidió que le explicase un ejercicio de trigonometría. Aún me pregunto por qué nunca pude resolver ese ejercicio.

Después de la salida, caminamos un poco ese martes. Me preguntó si me iba para “allá” y le dije que sí aunque mentí. Su compañía valía el sacrificio de caminar un poco más bajo el intenso calor de mediodía. Ella cumpliría 17 en junio y yo en unas cuantas semanas estaría por marcharme a Lima a cursar mi quinto semestre en San Marcos. Como su profesor de turno nunca podría ocurrir nada entre nosotros. Ni siquiera podrían haber leves abrazos entre un maestro-alumno, dado que así lo ordenaban las normas éticas de la pre; sin embargo, nada de eso impidió que nos viéramos en secreto.
.


Primero fue un miércoles tras ese martes, luego el viernes y luego todos los días, hasta los domingos, después de misa. Me tenía maravillado o tal vez la simple sensación de una relación prohibida me tenía increíblemente excitado. A las dos semanas, ella ya quería casarse conmigo y le rompía el corazón el hecho de mi partida a la capital.

Prometió esperarme cada fin de ciclo. Me dijo que al volver la encontraría en la facu de ingeniería en la Nacional. Le prometí que así sería y que la llamaría todos los días. Se lo prometí, al menos.

Hoy trabajo a medio tiempo como profesor para poder sacar mi licenciatura. Volví un par de veces a Trujillo, pero debo confesar que en medio del trajín olvidé buscarla. Nunca la llamé pues perdí el papel con su número en el autobús y aún me sigo preguntando si me seguirá esperando allí en el campus de la UNT.


Por Juanca

(22/08/09)

10 agosto 2009

Retazos de alguien muy lejano



Tan alto y tan cierto,
- Nadie me puede ver
Dando vueltas, dándolas


Viviendo en un silencioso orgasmo
y desapareciendo en una anécdota

Alguien muy extraño
- Allí, allí muy arriba estoy
Arriba, en la cúpula

- No lo sé, y nadie más lo sabe… Y me temo que no podré decir esto por mucho…
Mucho tiempo.


Ha pasado…


Así que muéstrame el lugar
Al que pertenezco…



Arriba


Allí muy arriba…




Donde seré feliz…





*************************

(Justo ahora, by Juanca)

A lo alto, muy a lo alto... 2009

22 julio 2009

Inexplicablemente triste

Volando voy, sentado en el último asiento de una combi vacía. Oigo murmullos y risas, cláxones y un ruido feroz en general; sin embargo, no hay nadie a mi alrededor, dentro ni fuera. No hay nadie.

No sé quien me conduce por esta ruta. El vehículo parece dirigirse solo y milagrosamente no impacta ni rosa nube alguna. El cielo que debería ser celeste está gris por el smog y de pronto todo el ruido se ha consumido con un estruendoso abrir de puertas.

Instantáneamente miles de ráfagas de viento entran haciéndome tiritar y tiritar. Me obligan a ponerme de pie y a esforzarme por cerrar las puertas. Pero todo fue una trampa.

Apenas me acerqué, me vi succionado por el aire y cayendo en el vacío. Caía y gritaba hasta que en toda mi desesperación, sentí que alguien me tocaba el hombro y al voltear, abrí los ojos.



- Permiso hijo, déjame sentarme.
- Sí, ehmm, pase.


Sucede hasta en los viajes más salvajes.


Por mí
(Antes de ayer y hoy)

PD: Entrada número 80

19 julio 2009

Cautiva

La había mantenido apresada desde hace algún tiempo, cuando aún era una fea cosa verde y amorfa; sin embargo, el convivir con el sudor caliente de su mano derecha generó un milagro.


Sin más, abrió su puño y ella se fue volando.


Por Juanca

(19 de Julio, 09)