Habían pasado muchos años desde que no llovía así. Recuerdo que Albania siempre se sintió fascinada por las lluvias otoñales. Adoraba esa indescriptible sensación de estar mojada y de tan solo chapotear y chapotear en los charcos formados en los agujeros de la maltratada pista, afuera de la casa.
Siempre lo hizo desde niña y hoy; después de tanto tiempo, ha vuelto a llover. Esta vez, este llanto celestial me hace inevitable el recuerdo de aquellos días de otoño del 97. A sus seis años, Albi me rogaba para ir al parque en mañanas como esta. Se embarraba totalmente en el lodo y verla fascinada por las gotitas que mojaban su cabello, hacía imposible que me enojase por haber arruinado sus zapatillas nuevas.
Mañanas como aquellas; mañanas como hoy, tan peculiares, donde reina el sol a pesar que se va cayendo el cielo en pedacitos líquidos, mojando el pasto y las hojas secas, y se termina empapando lo que pudo ser una ilusión.
Hace un rato le pedí que me acompañase a pasear por el parque.
Pero hoy no. Nunca más...
Albania se quedó en casa, recostada en el sofá y con los pies secos. Ya tiene 18.
Por Juanca
(25/10/09)
Créditos de Imagen: Laura Alvarado













