13 marzo 2016

Las tardes de los domingos

Las tardes de los domingos siempre fueron amarillas, medio anaranjadas.

Era como si un sol a medio ponerse se fijara permanentemente en el cielo para irradiar su luz, generando las sombras adecuadas sobre las cosas adecuadas.

Eran tardes de familia, de visitar a los abuelos. Momentos donde no faltaban los abrazos, algún postre azucarado o una taza de café. Eran largas y breves a la vez, pues en aquellos momentos parecía que el domingo era inacabable y la jornada resultaba sumamente agotadora. Pero ahora pienso lo cortas que fueron, y como no fueron suficientes.

Ya no quedan abuelos que visitar y las tardes amarillas, medio anaranjadas solo traen chispazos de nostalgia, de recuerdos y vacío.

Sin embargo, esta tarde de domingo por fin se terminó de poner el sol.

(13/03/16)



07 noviembre 2015

Nos habíamos amado tanto

La noche caía y Milán nos envolvía. 

Hace mucho que el tren nos había dejado la ciudad entera a disposición, pero no teníamos idea de que hacer o a quien acudir. El hotel que habíamos contratado con antelación no aparecía en la dirección que nos dieron, de hecho nunca había existido; y encontrándonos en plena vía Luigi Galvani, con toda una noche por delante sin saber dónde pernoctar, nuestra única compañía eran nuestras dos viejas valijas y un silencio incómodo.

Decidimos caminar hasta encontrar refugio, pero no sabíamos hacia qué dirección. Eran más de las doce y todo parecía cerrado. Finalmente decidí que vayamos todo recto, pero nuestro paso era lento dado el peso del equipaje. Una ambulancia pasó apurada por la avenida y su sirena rompió el reinante silencio e iluminó brevemente el entorno sombrío que nos rodeaba. Las calles estaban casi desiertas salvo por un par de prostitutas con rasgos de Europa del este que se ofrecían con poco éxito en la esquina siguiente. A pesar de estar en un país del primer mundo, nos sentíamos inseguros e indefensos.



Fátima estaba aterrada, pero su malhumor era peor. El cansancio del viaje y el arrastrar la maleta por varias cuadras la terminó por agobiar.
- Ni siquiera sabemos a dónde estamos yendo.
- Voy a intentar preguntarles a las putas de esa esquina.
- Ni se te ocurra acercarte. Me dan miedo, y de seguro no hablan inglés ni español, a lo mucho italiano. Parecen rusas.
- Pero igual vamos a pasar por allí, no perdemos nada.

Increíblemente las putas hablaban inglés y eran mucho más educadas que los travestis del jirón la Unión. Nos indicaron un hotel que estaba a la vuelta, doblando la esquina de la siguiente calle. Al llegar  mis sospechas se confirmaron. Era un hotelucho de mala muerte al cual siempre iban con sus clientes.
- No podemos quedarnos aquí, este lugar debe estar súper sucio. Aquí vienen las putas!
- Sí, pero solo serán unas horas hasta que amanezca y busquemos un mejor sitio. Además estamos en Italia, no creo que sea tan malo como los de allá.
- Voy a dormir con toda la ropa puesta. Me da mucho asco.
- Al menos deberías quitarte las botas.

El de la recepción solo hablaba italiano, pero no hubo problema al momento de entender nuestras necesidades. Nos dio un pequeño cuarto en el segundo piso. No había ascensor así que sufrimos un poco con las maletas, pero iba a ser el último esfuerzo de la noche, después de todo solo era un piso.

El cuarto era feo y las paredes parecían de cartón, pero al menos no hacía frío y el baño se veía limpio. Me quité los zapatos y me senté sobre la cama. Fátima no se había movido de la puerta. No había dicho ni una sola palabra desde que habíamos entrado. En eso, me miró fijamente y levantando lentamente el índice dijo:
- Escuchas eso?
Un chirrido continuo sonaba a lo lejos. Parecía que estaban serruchando un tronco y cada vez se hacía más fuerte, pero no. Era el zamaqueo de un catre, lo cual pudimos confirmar una vez los alaridos de alguna cortesana estallaron.
- Juan Carlos, no voy a poder dormir aquí - Dijo haciendo un puchero.
- Ven aquí. 
- No quiero.
- Ven aquí por favor.

Se acercó dando pasos asustados hasta que se recostó a mi lado y se refugió en mis brazos. Todo tal y como había dicho, con toda la ropa puesta (incluidas las botas).

Cuando despertamos eran las ocho. Ya había amanecido y los gemidos habían parado. No sé en qué momento me quedé dormido, ni si ella sucumbió al sueño antes que yo. Solo sé que esa noche había terminado y nos habíamos amado tanto.

Trujillo, noviembre 2015


04 noviembre 2015

El abismo

Puedo sentir el jaque desde aquellos torreones
Una figura extraña ha venido desde lejos
Ha penetrado en la corte, difundiendo mil rumores
Y cediendo a sus embustes, han aceptado el complot

Puedo sentir las murallas derrumbarse ante el asedio
Y cubiertos de desidia y de rencor
Desde la puta más triste hasta al más alto noble
Han elegido cada uno su destino

La sangre parece coagulada
No brota ni bombea como en otroras tiempos

Siento que dejas atrás tu eternas terrazas
para recoger las bayas de un bosque encantado
Un llamado a la aventura, a la caza furtiva
serás acaso un flamante aventurero
o la presa victimada de un innegable error?

Puedo sentir el jaque desde aquellos torreones.
Puedo sentir el filo del frío acero en mi cuello
Siento
Ya vienen.

Pontevedra
Agosto/Septiembre 2015

26 septiembre 2015

Muscari

Una bestia incontrolable se había apoderado de su corazón. Solo tenía siete años, ¿por qué permitir tanto daño? Tanto daño...

Un corazón de piedra, eso era lo que tenía ahora. Creció con esa forma, creció con ese fondo. Hoy es un obscuro y sanguinario ser.

La rutina la camufla: mentiras en la cena, noticias angustiantes; todo consume su claroscuro y grisáceo cabello, mientras en el plato se enfría un pejerrey empanizado.

Dos hermanos muertos, un esposo preso. Un puñado de sal y lágrimas hechas polvo. Sonrisas falsas la envenenan en medio de una balada interrumpida.

Tetas caídas. Muchas vidas. Todas idas y venidas. Un rostro sin rostro, un alma sin pena. Hombres y mujeres, casos suicidas. Ahora solo queda una botella en la cama... medio vacía, medio lacrada.



Virú
Febrero 2013



15 agosto 2015

Mi amiga Gallega

Cuando llegué a Galicia a finales de octubre, la primera mujer que conocí estaba soltando un llanto tremendo. Era de noche y parecía que todo el mundo se había alejado y refugiado para no sufrir su desahogo. En medio de mi soledad no hice más que contemplarla, pues no pude acercarme; me di cuenta de que era inconsolable.

Aquel encuentro siempre quedaría en mi memoria, pero no sería la última vez que la viese. En breve ella vendría insistente a intentar cautivarme. A veces la escuchaba desde dentro de la casa y podía verla acercarse a golpetearme la ventana. Pronto nos hicimos amigos y de cuando en cuando sus lágrimas silenciosas me acompañaban reconfortando aquellos paseos vespertinos junto a la ribera del río Lérez. Era tan suave y delicada que podía sentirla acariciándome las mejillas, pero luego me daría cuenta que pocas veces se mostraba tan afable.

A pesar de sus intenciones, su naturaleza voluble hizo que por un buen tiempo me abstenga de salir a jugar con ella. Esto no solo empeoraba su humor sino que a veces lograba que estallase en una ira tormentosa. A pesar de sus continuos acosos, tuve que salir y soportar su necedad, pero siempre me mantuve en silencio. Así pasaron los días y tristemente resolví que el fin de nuestra amistad era inevitable. Pero nunca esperé que fuera ella quien desaparezca sin darme mayor aviso. Debí haberlo previsto.

Hubo días muy calurosos donde extrañé que aparezca repentinamente y se me cuelgue por los hombros. Su ausencia se notó y me invadió aquel aire nostálgico dejándome taciturno. Pero tras varias semanas descubriría que no todas las personas son ingratas, pues a pesar de mis desplantes llegó el día en que me demostró su fidelidad.

Cuando menos me lo esperaba, inmerso en la eternidad de mi silencio, apareció nuevamente en la ventana y cantando suavemente me invitó a jugar de nuevo. El verano había terminado.

Pontevedra
(15/08/15)




Y bailarás sobre mi tumba

Fui concebido entre libros y cadáveres y un etetoscopio fue mi primer walkman.

Siendo el único No Médico
no tuve más
reparo que
dedicarme a escribir...